jueves, 4 de noviembre de 2021

Ausencias

 



-Escuche -dijo Granger tomándolo por el brazo y caminando con él, apartando los matorrales para que pasara-.Mi abuelo murió cuando yo era un niño. Era escultor. Era además un hombre muy bondadoso, dispuesto a querer a todo el mundo. Ayudaba a limpiar la casa de vecindad, hacía juguetes para los niños , y un millón de cosas más. Tenía siempre las manos ocupadas . Y cuando murió , comprendí que yo no lloraba por él, sino por todas las cosas que hacía. Lloraba porque nunca volvería a labrar otro trozo de madera, ni nos ayudaría a criar palomas y pichones en el patio, ni tocaría el violín de aquel modo, ni nos contaría aquellos chistes. Era parte de nosotros, y cuándo murió, todos esos actos se detuvieron, y nadie podría reemplazarlo. Era un individuo. Era un hombre importante. Nunca pensé en su muerte. Sí en cambio en todos los objetos labrados que nunca nacerían a causa de su muerte .Cuántas bromas faltan ahora en el mundo, cuántas palomas que sus manos nunca tocaron. Mi abuelo modelaba el mundo. Hacía cosas en el mundo. Con su muerte el mundo perdió diez millones de actos hermosos.


Ray Bradbury

Fahrenheit 451

1953


viernes, 22 de octubre de 2021





UN CAMINO CUALQUIERA.


Tan sólo recorrer un camino, ya es de por sí un buen destino,

con independencia de su fin o principio,

estás pisando dónde otros también lo hicieron.


No es conformismo, de no querer salir a lo desconocido,

más bien constituye un tributo,

a los que antes de ti, también lo hicieron.


Si un camino perduró, es por algún motivo,

aunque sus usos hayan cambiado con el tiempo,

y si algo te sorprende en el trayecto,

a quienes nos precedieron, también lo hicieron.


Sus encantos no deben exponerse fácilmente a nuestros ojos,

sino que estos los busquen entre sus recovecos,

un camino contiene otros muchos dentro de él,

tantos cómo las veces, que tú u otros, también lo hicieron.


Rafael Loreto

22 de octubre de 2021


lunes, 5 de diciembre de 2016

Perseo




En esta clara noche de otoño,
cuajado el cielo de estrellas,
sin nubes en el horizonte,
ni luna que te deslumbre,
me encuentro mirando a Perseo,
con ojos fatigados por el sueño.

Un aire frío, apenas una ligera brisa,
me recuerda que necesito abrigo,
pero mis párpados se cierran,
y tiñen todo de negro.

Parece que vuelo hacia ellas,
ahora duermo, ahora estoy despierto,
en un viaje que no necesita de nada,
y a cuyo lejano destino,
no me importaría no llegar nunca.  


Rafael  Loreto

17 octubre 2014